El Gallo de Faraón

Faraón, el tío de Tatín.

En aquellos años del estraperlo, del miedo, de una, grande, y libre, la comida era valorada casi como algo sagrado. La fiesta se asociaba al buen comer, bailar, beber.

Las víctimas de esta ruptura con la monotonía eran los gallos de corral que eran inmolados para el disfrute de los invitados y la alegría de todos. Faraón, hombre apasionado de los placeres de Baco, que no discriminaba al blanco ni al tinto, y más apasionado aún por la buena mesa, contaba con ilusión los días que faltaban para la fiesta del Cristo con la sana intención de hacer un homenaje a su estómago.

Salió al corral, miró al gallo pedrés que orgulloso alzó el cuello, levantó con furia las alas soltando un sonoro «Ki ki ri kiiiiii» y se sintió el amo de la casa. Apostado en la puerta de salida, su amo pensó en la inminente ejecución sumarial que -similar a las que firmaba su admirado General- pesaba sobre el bello ejemplar. Lo miró desafiante y dijo en voz alta y semblante sereno,
-“Tú canta, canta que pasado mañana te hacemos el funeral” .

Y llegó el gran día - el día de « La Función ». María se levantó temprano y ayudada por su marido, cuchillo en mano dieron caza y posterior muerte al patriarca del gallinero.
- ¡Qué pena! con la bonito que era yo ya le había tomado cariño. Nos hemos quedado sin el gallo de casta. ¡Pobres gallinas sin semental!

Faraón, menos sentimental, tentó los muslos del ave y dijo:
- “Pon la lumbre, prepara la tartera grande de Pereruela, le tapas los ojos con arroz que con este bicho tenemos para los tres días”.
- ¡Menudo mano a mano que nos vamos a pegar!
- ¡Buen cuerpo me voy a poner!

Murmuraba relamiéndose a la vez que se daba leves palmadas en su prominente estómago. Dice el refrán castellano que “en casa del pobre las alegrías son cortas” y así sucedió pues quiso la suerte que el estado eufórico de Faraón se tornara en profunda melancolía porque su mujer le tenía reservada una sorpresa poco grata para él.

A mediodía llamaron a la puerta su hermana Petra y su sobrino Tatín que sudorosos por la caminata acudían a compartir la alegría como invitados. Salieron a recibirles y la mujer de Faraón les recibió dando muestras de contento. Su marido, contrariado, visiblemente enfadado, bajó la cabeza, frunció el ceño, saludándoles de forma fría y desdeñosa sin articular palabra. Llegada la hora de comer, apesadumbrado por el futuro reparto, nuestro comensal se acodó sobre la mesa-camilla, se situó en lugar preferente, arremangada la camisa, y esperando ansioso y apesadumbrado el mejor reparto posible.

Agarró la tartera con ambas manos atrayéndola hacia sí con energía, «escocoteó» las mejores tajadas, la tornó a su lugar y alzando la cabeza miró a su cuñada con semblante adusto, sin poder contenerse y dijo:
- ¿A qué viene una casada a una función?
Acompañando sus palabras con movimientos de mano dirigidos a la boca, - ¡mau! ¡mau!

La pobre cuñada no sabía qué hacer pero su hermana, para distender el ambiente le animaba...
- Tu come, come! , y Faraón...
- Eso, eso ¡anímala tu también!

Tato, bueno por naturaleza, nunca tuvo en cuenta estos detalles de descortesía, recordando con cariño y buscando el lado jocoso de su tío.

Para la persona que mejor trató y quiso a Tatín.
Para el que más sabe del que puso en práctica la Desamortización de material agrícola.
Para el que mejor conoce de forma oral al que inventó la Desamortización de material agrícola.


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